domingo, 4 de abril de 2010

Hugo y Martina



Unos ojos impresinantemente abiertos miran hacia arriba, vienen acompañados de amplia sonrisa que deja escapar el sonido de la risa que sale de dentro, bien dentro, y es risa franca y ronca; los ojos miran al hombre solo y están en una cabecita de piel blanca que surge como nenufar abierto en la noche del fondo de una toalla envuelta, abrigando un cuerpecito de tres meses y pico de vida, ese que tanta dulzura da a una familia repleta de amor y cariño, a dos jóvenes padres que crean vida a partir de la humidad y sencillez, gente sana de tierras del Santo Reino antiguo y puerta de cultura, aceite, buen vino y tapas exquisitas.
Un precioso niño de nombre de letras francesas que tambien suelta la franqueza de su risa al soplarle la barriga en un juego donde el hombre solo se convierte en troll que se lo come entero; tres largos años ya en los que esta delicia de crio, parlanchín e inquieto llena las horas y agota a los responsables de su crianza.
Sábado de largos paseos que acaban envueltos en el olor de las glicinias del Jardín Botánico, entre cascadas de agua y magnolios en flor, junto a palmeras cubanas y jardines japoneses, a la orilla de un lago succionando el ácido de kumcuats cogidos a hurtadillas y despiste del jardinero de esta delicia malagueña, fruto del amor romántico de jóvenes ricos entregados a saber gozar y estar con sus amigos, habían creado hasta un pequeño edificio, "la escuelita", para atender a los niños de sus amigos cuando se venian temporadas a esta casa de descanso.
Se acaba la semana y el hombre solo se vuelve a quedar solo, tras la marcha de los ojillos grises que salen de la toalla envueltos en vida y alegría, llenando la casa de risas, llantos, saltos y miles de colores sobre dibujos de Bob esponja, arenita y Patricio... entre peluches de semillas de lino que se calientan para dormir al abrigo de las noches frescas que aun nos deja la primavera, entre tambores y olores a incienso, junto al mar y marineros guapos y altos que acompañan a la Soledad...
Unos dias más y el hombre marcha a Jaén para hacer más leve la despedida y disfrutar de un masaje en el spa jiennense, gozando los últimos días de gloria.
Son años ya desde que un alma partida, cuando la otra mitad se fué para siempre en lenta agonía de cáncer, dejando sin vida a un hombre cada día más solo y metido en sí, hermético como nadie; un hombre que encontró la sonrisa nueva entre amigos crecidos donde los olivos, bajo la sombra de un castillo hermoso y de unas gentes buenas, que se entregan a la amistad y te salvan la vida que te queda; años donde se ve crecer un amor, crear una familia, sentirte unido en fraternidad a los hermanos que se abren a ti, que aprenden a venirse a tu/su casa y gozar del azul del mar, de la sal de esta tierra y de la brisa, en ocasiones, tornada vendaval; amigos abriendo las puertas de su casa para tí, de su familia para tí, de su vida para tí, sin miedo a tí, sin negarte como otros hicieran y sin pensar que perjudicarles pudieras de algun modo, sabedores de que el cariño recíproco crece en ambos lados, por muy alejados que esos lados estén y por mucha tierra que se ponga de por medio.
Regreso de nuevo, en tiempo de resurrección a ese Jaén que me hizo nacer de nuevo entre lenguaje de manos y signos que me abrio a un mundo de gentes sanas, sin oscuros rincones ni inexplicables temores; a pasar horas junto a quien me supo escuchar en tiempo de penuria sentimental, de dolor de pérdidas y de esperanzas nacientes.
A mis pies Martina duerme dulces sueños sin pesadillas, dormir profundo que deja las manos, siempre inquietas, reposando sobre un osito de amor y un arlequín divertido. El hombre solo mira los primeros pasos en la vida de un ser delicioso y cuidado por el principe que ve peligrar su trono pero sabe querer a la rival, sabe que la niña que veía negra dentro de su madre y que ahora es blanca ni le quiere quitar nada y solo lo necesita; esa pequeña cabeza que nos rie y sale al mundo, recien bañada, con ojos abiertos y queriendo apropiárselo todo en una mirada, buscando nuestros brazos para ser alzada y reinar mejor su reino, busca el cariño que todos necesitamos, el mismo de siempre, la protección que una mano da y la seguridad que el simple roce de una piel cariñosa hace crecer en nuestro interior.
Doy gracias por ser afortunado, por poder sentirme acariciado y por sentir como mis seres cercanos suplen mis carencias, mis negares y mis miedos que los hay; me siento crecer aun como persona y me veo joven en el tiempo de un hombre que comienza a usar el bastón coqueto con más frecuencia y se queja de vez en cuando al levantarse, pero que sabe y quiere mantener su casa abierta al amor fraterno que dan sus gentes encontradas a lo largo de la vida.

jueves, 1 de abril de 2010

Días hermosos de azul turquesa en el mar y claros entre nubes blancas en el cielo, las calles huelen intensamente a azahar, los cirios son apagados a cada instante por la brisa de esta ciudad marinera y el tráfico es un caos entre miles de turistas y malagueños que han decidido hacer grande a esta Semana Santa de procesiones; aquellos que huimos en la ciudad buscando un rincón donde poder disfrutar del verdor de un parque, de la risa de los niños que hoy pueblan mi casa y de una buena compañía amiga junto a un libro de historia, nos la vemos y deseamos para tomar el autobús adecuado que no tenga que parar una hora y pico a que termine de pasar el último nazareno de Jesúa el Rico, o del Cautivo o de la Esperanza... El jardín botánico de la Concepción es un buen lugar para encontrar la tarde apacible que entre glicinias, en el cenador de los Marqueses de Loring, se hace llevadera y hermosa.
Allí, en casa, cambiando pañales y dando biberones, haciendo explorar de alegría barriguillas blancas que sacan la risa franca y fresca de un bebé, sembrando tréboles de cuatro hojas, mirando y casi tocando el olivo que va en procesión dando sombra a un Jesús en el prendimiento que pasa rozando mi terraza, junto a una taza de té que esconde vino espumoso para disimular la irreverencia cuando somos el objetivo de todas las miradas de la calle, entre risas y amigos, preparando la cena de un viernes santo donde vendrán a casa más amigos a ver salir la hermosa Piedad, mi vecina todo el año y que ahora sale a la calle si el tiempo no lo impide, que parece ser que no... es donde uno encuentra el cariño de la amistad, esa que es libre y libre te deja, la que se va fraguando a lo largo de los años, con los errores y los perdones, con las risas y los llantos, pero siempre con la mano tendida y dispuesta a sostenerte cuando te vas a caer.
Y es que quiero a mis amigos que lo son, soy querido por ellos y me siento bien, muy bien de ser feliz en soledad, dejando que mi libre albedrío lleve mi vida por donde place, encontrando alegrías y penas, encuentros y soledades, compañías y dichas que luego resultan vanas.
El sol parece haberse confabulado y nos regala paseos largos por parques frescos, repletos de una naturaleza que renace, como los objetivos vitales, como los niños recien nacidos y que crecen, como el mayor que me cuenta cuentos inventados al calor del cariño y la confianza en quien te protege, en quien sabes que te quiere bien y te deja libre para ser y crecer.
Y la vereda sigue por la playa de un hombre que mira por la ventana, entre jacintos que ya dejaron de florecer y tréboles que van naciendo.
La vida sigue y la casa se llena de alegría.
Regreso a la ciudad del Santo Reino por unos días y me refresco del calor humano que tanto añoro, a comer lentejas en el barrio de la Magdalena, a tomar vino en San Ildefonso y callejear por las calles antiguas de una ciudad que renace continuamente. Y es que cuesta tan poco ser feliz...¡¡¡





No puedo darte soluciones para todos tus problemas de la Vida,
no tengo respuestas para tus dudas o temores,
pero puedo escucharte y compartirlos contigo.

No puedo evitar que tropieces.
Solamente puedo ofrecerte mi mano
para que te sujetes y no caigas.

Tus alegrías, tus triunfos y tus éxitos no son míos.
Pero disfruto sinceramente cuando te veo feliz.

No juzgo las decisiones que tomás en la vida. Me limito a apoyarte, a estimularte y a ayudarte si me lo pides.

No puedo trazarte límites dentro de los cuales debes actuar,
pero sí te ofrezco el espacio necesario para crecer.

No puedo evitar tus sufrimientos cuanto alguna pena te parte el corazón, pero puedo llorar contigo y recoger los pedazos para armarlo de nuevo.

No puedo decirte quién eres ni quién deberías ser.

Solamente puedo quererte como eres y ser tu amigo.

En estos días pensé en mis amigos y amigas, y entre ellos apareciste tú.

No estabas arriba, ni abajo ni en medio. No encabezabas ni concluías la lista.

No eras el número uno ni el número final. Y tampoco tengo la pretensión de ser el primero, el segundo o el tercero de tu lista.

Basta que me quieras como amigo.

J.L.Borges

jueves, 25 de marzo de 2010



La lágrima infinita


¡Esa!... La que en el alma llevo oculta;
la que no salta afuera ni se expande
en la pupila; la que a nadie insulta
en un alarde de dolor: la grande,
la infinita, la muda, la sombría,
la terca, la traidora, la doliente
lágrima de dolor, lágrima mía,
que está clavada en mí profundamente!

La que no da una tregua ni un consuelo
de dulce sollozar. La que me hiere,
y me punza, y me obsede, y pone un velo
turbio en mis ojos; la que nunca muere
ni nace a flor de rostro; la que nunca
refrena su latir; la que no intenta
asomarse a la faz y queda trunca,
y hace la pena interminable y lenta...

Agua de un manantial que va en la sombra
Tortuosa de mi yo, tierra maldita
donde no nace planta ni se nombra
ningún nombre de amor...¡Esa infinita
lágrima de dolor, sorda y amarga
que llega hasta mis ojos y no fluye
en catarata ardiente; la que embarga
mi ser y en el silencio se diluye!...
Gota que cristaliza y se hace piedra,
dolor que se concreta y se resume;
planta parásita como la hiedra
que trepa al corazón y lo consume;
infinito dolor sin esperanza
de resolverse en líquido siquiera.
Invierno seco y duro que no alcanza
a trasformarse luego en primavera.
Nieve perpetua sin ningún deshielo;
polo desierto que en la ardiente entraña
anhela el húmedo calor del cielo,
que ni fertiliza ni lo baña.

Lágrima que no alivia la tortura
de los ojos cansados de infinito;
lágrima que no cura la amargura;
que no es queja, ni expresión, ni grito.
Cántaros secos, áridos, mis ojos;
páramos sin frescura ni rocío;
febricitantes de escrutar los rojos
límites, del espacio y del vacío...
¡Esa!... La que no llega, ni ha llegado,
ni llegará a los ojos nunca... ¡nunca!...
Mi lágrima tenaz que no ha mojado
el Sahara estéril de mi vida trunca,
¡Ésa... no la verás, porque en la calma
de mis angustias, se ha trocado en perla!
Para verla hace falta tener alma;
y tú, ¡no tienes alma para verla!...

Hilarión Cabrisas (1883-1939)

Poeta Cubano

jueves, 18 de marzo de 2010

Los puentes del alma



Los jacintos, los de siempre, los de cada año, esos que se guardan y plantan para la temporada nueva; jacintos malva, blancos, amarillos... que impregnan de olor la casa de un hombre solo que hace tiempo no lo dedica su quehacer a mirar por la ventana, que pasea por la calle limpia, donde las piedrecitas de un asfalto de años no se veían por falta de limpieza en las calles de Málaga, y ahora asoman, timidamente, su limpio blanco al pisar de un hombre que mira fachadas, tejados, rostros, cristales y casas nuevas con gentes nuevas que vienen a vivir la primavera potente que se asoma ya y nos trae alergias... Los jacintos, esos jacintos se abren y recuerdan a la memoria que va fallando de cuando en cuando y a los virus informáticos que gastan malas pasadas a un hombre que usa poco, ultimamente, internet, haciéndole perder toda la lista de contactos usados, que usa y que ya no sabia que existían, solo hasta verlos desaparecer por el gusano informático maldito... le recuerdan, decía, a su memoria, que vivió, que vive y que mañana seguirá viviendo, para volver a guardar los jacintos en secano y plantarlos en su época, para que florezcan otra primavera y pueblen de color y olor la terraza que se prepara para acoger las imágenes marianas de Semana Santa, esa que lleva sonando en tambores durante meses, hasta agotar la paciencia de un hombre solo y de muchos acompañados.
Entre luchas con la memoria el hombre sufre otro mazazo y se encuentra con la sorpresa de la marcha, cercana, pero marcha de un ser querido, lleno de sensibilidad, de arte, de saber hacer, de elegancia, de sentido común y de buena mala leche en ocasiones, que todo es necesario... alguien ganado en los ultimos tiempos, fiel, sincero y fiel, critico y fiel, mordaz y fiel, alguien bueno y fiel... alguien que merece ser estimado y respetado, alquien que provoca lágrimas en un lagrimar sin agua y que, aun estando cerca, se va lejos, se marcha a trabajar a otro despacho, de otro hospital, de otra área y de otras gentes; alguien a quien no veré pintar más, de quien conservo sus cuadros regalo y sus regalos en miradas, alguien que supo esperar para que yo entrara en su alma y que me abrio la puerta sin condiciones, así respondió, sin condiciones para siempre, con la verdad por delante y con la palabra oportuna a la hora de pedir disculpas.
Y es que las estaciones se confabulan en que cosas mueran y cosas nazcan, se empecinan es que el hombre solo suba a la ventana, mire que no llueva, pasee por un mar embravecido y que huele a mar, como al hombre le gusta, que expulsa ramas y árboles, cañas y barro, para verse limpio y recibir las pieles que buscan frescor, para volver a mirar cometas que vuelan un cielo azul y lo pueblan de verdes, amarillos, rojos y malvas... como los jacintos que huelen y renacen en la vida, siempre y continuamente regeneradora, de un hombre que no tiene miedo a dejar llorar el alma cuando el lagrimar no puede; de un hombre que regresa a su rincón cibernético, a pesar de virus y gusanos, a pesar de verse desnudo mañana en una pantalla de cristal, y pensar... ¿porque carajo me desnudo tanto?... y es que la cabra tira al monte, siempre gocé con el exibicionismo del ánimo.
¿Que hace aquí Marcel Marceau?... me conmovió siempre su mirada hacia un cielo al que hablaba, pidiendo explicaciones sobre la vida que pasaba a su alrededor y le mojaba.

sábado, 30 de enero de 2010

El cariño de un encuentro en la vida, momentos emocionantes



La vida repone, siempre repone; el tiempo va pasando y te quita cariños, descubre traiciones, desvela gentes que son lo que no aparentan y aparentan lo que no son... Entierra el alma, muy poquito, en soledades... y pone al lado, entre libros, risas frescas de amigos sinceros, de familia encontrada en la vida y que se hace tuya para siempre... a gentes nuevas que saben fundir en el alma del otro, esa que alguien quiso enterrar para siempre, pequeños momentos, regalos sencillos y dulzuras simples que hacen brotar en el invierno un hombre solo que no muere, renace.
Gracias Rosario, un regalo devuelto en otra forma y un detalle de Pascua eterna en corazones de alas canarias. Mil besos.

domingo, 27 de diciembre de 2009

Cuentan que en Lemuria, durante el hundimiento de la tierra mítica, los sacerdotes cantaron esta canción que ha perdurado a lo largo del tiempo; como mantra contra el dolor de un final, se apoyaron en los pequeños grupos que formaban, en círculo, bailando unidos por sus brazos y seguros de que la canción haría que sus almas fueran limpias a la próxima resurrección. Una manera hermosa de dejar morir lo que acaba en un año y abrazar el venidero mientras se bebe una copa en compañía del amor de quienes a uno le quieren, sabiendo que el futuro traerá ungüentos para las heridas.






¿Debemos olvidar una vieja amistad
Para nunca revivirla en el recuerdo
¿Debemos olvidar una vieja amistad
Y los viejos tiempos?

Por los viejos tiempos, amada mía
Por los viejos tiempos
Tomémonos una copa más de gentileza
Por los viejos tiempos

Sé que comprarás otra bebida
Y sabes que yo compraré la mía
Beberemos una copa más de gentileza
Por los viejos tiempos

Por los viejos tiempos, amada mía
Por los viejos tiempos
Tomémonos una copa más de gentileza
Por los viejos tiempos

Ambos hemos salvado las colinas
Y arrancado hermosas margaritas;
Pero hemos errado tanto a pie cansado
Desde los viejos tiempos

Por los viejos tiempos, amada mía
Por los viejos tiempos
Tomémonos una copa más de gentileza
Por los viejos tiempos

Hemos vadeado la corriente
Desde el amanecer hasta la tarde;
Aunque un mar entre los dos haya bramado
Desde los viejos tiempos

Por los viejos tiempos, amada mía
Por los viejos tiempos
Tomémonos una copa más de gentileza
Por los viejos tiempos

Toma mi mano, amigo mío
Y ofréceme la tuya, es nochebuena
Y bien dispuestos juntos brindaremos
Por los viejos tiempos

Por los viejos tiempos, amada mía
Por los viejos tiempos
Tomémonos una copa más de gentileza
Por los viejos tiempos

jueves, 24 de diciembre de 2009




Nunca desvalorices a nadie
Guarda a cada persona dentro de tu corazón
Porque un día podrás acordarte
Y percibir que perdiste un diamante
Cuando estabas muy ocupado(a) coleccionando piedras.

FELIZ PASCUA DE NAVIDAD, QUE LA LUZ DEL CARIÑO SIGA REINANDO SIEMPRE.