jueves, 25 de marzo de 2010



La lágrima infinita


¡Esa!... La que en el alma llevo oculta;
la que no salta afuera ni se expande
en la pupila; la que a nadie insulta
en un alarde de dolor: la grande,
la infinita, la muda, la sombría,
la terca, la traidora, la doliente
lágrima de dolor, lágrima mía,
que está clavada en mí profundamente!

La que no da una tregua ni un consuelo
de dulce sollozar. La que me hiere,
y me punza, y me obsede, y pone un velo
turbio en mis ojos; la que nunca muere
ni nace a flor de rostro; la que nunca
refrena su latir; la que no intenta
asomarse a la faz y queda trunca,
y hace la pena interminable y lenta...

Agua de un manantial que va en la sombra
Tortuosa de mi yo, tierra maldita
donde no nace planta ni se nombra
ningún nombre de amor...¡Esa infinita
lágrima de dolor, sorda y amarga
que llega hasta mis ojos y no fluye
en catarata ardiente; la que embarga
mi ser y en el silencio se diluye!...
Gota que cristaliza y se hace piedra,
dolor que se concreta y se resume;
planta parásita como la hiedra
que trepa al corazón y lo consume;
infinito dolor sin esperanza
de resolverse en líquido siquiera.
Invierno seco y duro que no alcanza
a trasformarse luego en primavera.
Nieve perpetua sin ningún deshielo;
polo desierto que en la ardiente entraña
anhela el húmedo calor del cielo,
que ni fertiliza ni lo baña.

Lágrima que no alivia la tortura
de los ojos cansados de infinito;
lágrima que no cura la amargura;
que no es queja, ni expresión, ni grito.
Cántaros secos, áridos, mis ojos;
páramos sin frescura ni rocío;
febricitantes de escrutar los rojos
límites, del espacio y del vacío...
¡Esa!... La que no llega, ni ha llegado,
ni llegará a los ojos nunca... ¡nunca!...
Mi lágrima tenaz que no ha mojado
el Sahara estéril de mi vida trunca,
¡Ésa... no la verás, porque en la calma
de mis angustias, se ha trocado en perla!
Para verla hace falta tener alma;
y tú, ¡no tienes alma para verla!...

Hilarión Cabrisas (1883-1939)

Poeta Cubano

jueves, 18 de marzo de 2010

Los puentes del alma



Los jacintos, los de siempre, los de cada año, esos que se guardan y plantan para la temporada nueva; jacintos malva, blancos, amarillos... que impregnan de olor la casa de un hombre solo que hace tiempo no lo dedica su quehacer a mirar por la ventana, que pasea por la calle limpia, donde las piedrecitas de un asfalto de años no se veían por falta de limpieza en las calles de Málaga, y ahora asoman, timidamente, su limpio blanco al pisar de un hombre que mira fachadas, tejados, rostros, cristales y casas nuevas con gentes nuevas que vienen a vivir la primavera potente que se asoma ya y nos trae alergias... Los jacintos, esos jacintos se abren y recuerdan a la memoria que va fallando de cuando en cuando y a los virus informáticos que gastan malas pasadas a un hombre que usa poco, ultimamente, internet, haciéndole perder toda la lista de contactos usados, que usa y que ya no sabia que existían, solo hasta verlos desaparecer por el gusano informático maldito... le recuerdan, decía, a su memoria, que vivió, que vive y que mañana seguirá viviendo, para volver a guardar los jacintos en secano y plantarlos en su época, para que florezcan otra primavera y pueblen de color y olor la terraza que se prepara para acoger las imágenes marianas de Semana Santa, esa que lleva sonando en tambores durante meses, hasta agotar la paciencia de un hombre solo y de muchos acompañados.
Entre luchas con la memoria el hombre sufre otro mazazo y se encuentra con la sorpresa de la marcha, cercana, pero marcha de un ser querido, lleno de sensibilidad, de arte, de saber hacer, de elegancia, de sentido común y de buena mala leche en ocasiones, que todo es necesario... alguien ganado en los ultimos tiempos, fiel, sincero y fiel, critico y fiel, mordaz y fiel, alguien bueno y fiel... alguien que merece ser estimado y respetado, alquien que provoca lágrimas en un lagrimar sin agua y que, aun estando cerca, se va lejos, se marcha a trabajar a otro despacho, de otro hospital, de otra área y de otras gentes; alguien a quien no veré pintar más, de quien conservo sus cuadros regalo y sus regalos en miradas, alguien que supo esperar para que yo entrara en su alma y que me abrio la puerta sin condiciones, así respondió, sin condiciones para siempre, con la verdad por delante y con la palabra oportuna a la hora de pedir disculpas.
Y es que las estaciones se confabulan en que cosas mueran y cosas nazcan, se empecinan es que el hombre solo suba a la ventana, mire que no llueva, pasee por un mar embravecido y que huele a mar, como al hombre le gusta, que expulsa ramas y árboles, cañas y barro, para verse limpio y recibir las pieles que buscan frescor, para volver a mirar cometas que vuelan un cielo azul y lo pueblan de verdes, amarillos, rojos y malvas... como los jacintos que huelen y renacen en la vida, siempre y continuamente regeneradora, de un hombre que no tiene miedo a dejar llorar el alma cuando el lagrimar no puede; de un hombre que regresa a su rincón cibernético, a pesar de virus y gusanos, a pesar de verse desnudo mañana en una pantalla de cristal, y pensar... ¿porque carajo me desnudo tanto?... y es que la cabra tira al monte, siempre gocé con el exibicionismo del ánimo.
¿Que hace aquí Marcel Marceau?... me conmovió siempre su mirada hacia un cielo al que hablaba, pidiendo explicaciones sobre la vida que pasaba a su alrededor y le mojaba.

sábado, 30 de enero de 2010

El cariño de un encuentro en la vida, momentos emocionantes



La vida repone, siempre repone; el tiempo va pasando y te quita cariños, descubre traiciones, desvela gentes que son lo que no aparentan y aparentan lo que no son... Entierra el alma, muy poquito, en soledades... y pone al lado, entre libros, risas frescas de amigos sinceros, de familia encontrada en la vida y que se hace tuya para siempre... a gentes nuevas que saben fundir en el alma del otro, esa que alguien quiso enterrar para siempre, pequeños momentos, regalos sencillos y dulzuras simples que hacen brotar en el invierno un hombre solo que no muere, renace.
Gracias Rosario, un regalo devuelto en otra forma y un detalle de Pascua eterna en corazones de alas canarias. Mil besos.

domingo, 27 de diciembre de 2009

Cuentan que en Lemuria, durante el hundimiento de la tierra mítica, los sacerdotes cantaron esta canción que ha perdurado a lo largo del tiempo; como mantra contra el dolor de un final, se apoyaron en los pequeños grupos que formaban, en círculo, bailando unidos por sus brazos y seguros de que la canción haría que sus almas fueran limpias a la próxima resurrección. Una manera hermosa de dejar morir lo que acaba en un año y abrazar el venidero mientras se bebe una copa en compañía del amor de quienes a uno le quieren, sabiendo que el futuro traerá ungüentos para las heridas.






¿Debemos olvidar una vieja amistad
Para nunca revivirla en el recuerdo
¿Debemos olvidar una vieja amistad
Y los viejos tiempos?

Por los viejos tiempos, amada mía
Por los viejos tiempos
Tomémonos una copa más de gentileza
Por los viejos tiempos

Sé que comprarás otra bebida
Y sabes que yo compraré la mía
Beberemos una copa más de gentileza
Por los viejos tiempos

Por los viejos tiempos, amada mía
Por los viejos tiempos
Tomémonos una copa más de gentileza
Por los viejos tiempos

Ambos hemos salvado las colinas
Y arrancado hermosas margaritas;
Pero hemos errado tanto a pie cansado
Desde los viejos tiempos

Por los viejos tiempos, amada mía
Por los viejos tiempos
Tomémonos una copa más de gentileza
Por los viejos tiempos

Hemos vadeado la corriente
Desde el amanecer hasta la tarde;
Aunque un mar entre los dos haya bramado
Desde los viejos tiempos

Por los viejos tiempos, amada mía
Por los viejos tiempos
Tomémonos una copa más de gentileza
Por los viejos tiempos

Toma mi mano, amigo mío
Y ofréceme la tuya, es nochebuena
Y bien dispuestos juntos brindaremos
Por los viejos tiempos

Por los viejos tiempos, amada mía
Por los viejos tiempos
Tomémonos una copa más de gentileza
Por los viejos tiempos

jueves, 24 de diciembre de 2009




Nunca desvalorices a nadie
Guarda a cada persona dentro de tu corazón
Porque un día podrás acordarte
Y percibir que perdiste un diamante
Cuando estabas muy ocupado(a) coleccionando piedras.

FELIZ PASCUA DE NAVIDAD, QUE LA LUZ DEL CARIÑO SIGA REINANDO SIEMPRE.

lunes, 5 de octubre de 2009

La mañana malagueña se abre al día como siempre, hermosa de sal y luz, pleno el cielo de naranjas y rajas de melocotón que preñan el aire de un verano del membrillo más caluroso que otros años, preparando las castañas del valle del Genal que se abren paso entre el erizo que cae del árbol y puebla un suelo presto a recoger la maravilla que ofrece esta naturaleza viva, dejando correr un río que revienta, como todos los años y puebla de espuma su curso bajando entre un mar inmenso de ocres, rojizos marrones y cielo azul, siempre azul.
Esta no es una mañana igual, a las pocas horas del día el "hombre solo" se entera de que murió Mercedes Sosa, la grande, esa morena inmensa preñada de paz que vistió con voz de abrigo las más bellas letras de una lengua única como es el español.
Al lado del mar, pensando en Alfonsina y su mar que la preña también, recordando zambras y recordando que "Todo cambia"... el hombre se acuerda de los dos momentos más difíciles de su vida, escogidos entre otros muchos que le hicieron ser quien es hoy: el uno cuando perdió la mitad de un alma que dejó a la otra mitad rondando por estos lares sin rumbo y andando solo, esa mitad que no se quiso llevar a esta otra que penó por largo tiempo y ahora mira con benevolencia y sin perdonarse ya su existencia, a un mar que le devuelve entre las olas el recuerdo de tiempos dulces, entre guitarras y atardeceres de montaña cordobesa, subiendo riscos y oyendo caer cascadas que se perdieron en un río de la Hoz oculto para siempre, mirando nadar los patos salvajes y pendiente del adiós entre los labios que lloran las lágrimas envueltas en palabras que los ojos secos ya no podían soltar... entonando juntos, antes de despedirse las almas para siempre, la cancion de las simples cosas de Mercedes...




Uno se despide, insensiblemente
de pequellas cosas
lo mismo que un arbol
que en tiempo de otoño
se queda sin hojas
al fin la tristeza es la muerte lenta
de las simples cosas
y esas cosas simples
que quedan doliendo
en el corazón

Uno vuelve siempre
a los viejos sitios
donde amo la vida
y entonces comprende
como estan de ausentes
las cosas queridas
por eso muchacho no partas ahora
soñando el regreso
que el amor es simple
y a las cosas simples las devora el tiempo

Enamorate aqui
en la luz mayor
de este medio dia
donde encontraras
con el panal sol
la mesa tendida
por eso muchacho no partas ahora
soñando el regreso
que el amor es simple
y a las cosas simples las devora en tiempo

Uno vuelve siempre
a los viejos sitios
donde amo la vida

...el segundo momento, entre sábanas blancas de hospital blanco, perdido en una tierra adoptiva con mar de olivos, encontrando familia nueva y amigos nuevos, reviviendo en un tiempo donde se podía amar de nuevo y dejar que otra piel acaricie la piel del "hombre solo", a punto de irse de este mundo entre agonía de pulmón que se pierde y se pudre, deseando irse y deseando quedarse, sabiendose fuera y queriendo permanecer entre el tiempo fresco de risa limpia que encontró en la tierra de un reino eterno de un rey católico... entre sábanas blancas, en noche larga de espera segura y confianza plena de ver amanecer de nuevo, despidiéndose de sí mismo y de lo vivido, lo sufrido, lo amado, lo reido y lo preñado de amor y sexo a lo largo de una existencia no muy larga... este "hombre solo" que recuerda de nuevo a Mercedes Sosa, y en la memoria del hombre, antes de pensar en irse patinan las palabras de la voz fuerte, viva y siempre grande... dando Gracias a la vida¡¡¡




Se ha ido Mercedes para siempre, dejando un recuerdo eterno a quienes amamos la voz que amaba, que vestía de abrigo las más bellas palabras y exponía al sol los más descarnados sentimientos, siempre pidiendo paz, paz, mucha paz y derecho, su canto fué nuestro canto.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Crecer


En la vida que pasa del "hombre solo" los tiempos los marcan, cada vez más, las estaciones; antes eran los años los dueños de una vida nómada por ciudades, gentes, miradas y vivencias, ahora son las estaciones, las alergias, los comienzos de las colecciones, de los ciclos escolares y de las trombas de agua, los días secos de un terral en una ciudad de luz picassiana y azul, al lado del mar y que huele a mar cuando llueve, aunque sean tormentas. Mucha gente ve en el inicio del otoño un tiempo de tristeza, un decir adios al ocio y retornar a la vida cotidiana, niños al colegio, atascos eternos en torno a la ciudad y cabreos constantes por la subida de las cosas en tiempos de crisis, desde que nací vivo en un pais que habla de crisis, en el teatro, en la economía, en el cine, en la cultura, en la educación... crisis, crisis, crisis... infinita crisis de algo, hasta de las vidas que la viven; para mí, aparte de la crisis que me afecta como a todos, la llegada del otoño es al revés que todos, comienza con tiempo de ocio.
Una semana de Septiembre, siempre la tercera o cuarta, participo en la escapada general de mi unidad hospitalaria, a un albergue infantil, donde las camas son pequeñas y los pies cuelgan al aire durante toda la noche, mantenido en un comedor entre amburguesas, marracones bolognesa, patatas fritas... y menú típico de colegio; un lugar perdido entre campos de membrillos, junto a agricultores que pasan su tiempo de ocio entre los dos únicos bares que hay en bastante distancia a la redonda, rodeado de pacientes que sufren una enfermedad mental grave y conviviendo estrechamente con ellos, compartiendo el campamento de verano, de un verano que acaba y da su mano al otoño.
Pertrechados de cajas con juegos, disfraces, talleres ocupacionales de avalorios, para hacer sales de baño, balones de piscina, de baloncesto, de fútbol, películas que no se visionan por falta de tiempo... aparecemos allí quienes nos encargamos de esta locura en que se convierte nuestra existencia durante una semana agotadora, somos un hospital que se traslada, como un hospital de campaña en plena guerra pero que lleva, en la panza del autobús, guardadas mil risas, mil colores y sabores que hagan la vida más liviana para aquellos que sufren de lo que no ven y no pueden hacer entender a quienes les ven.
Agotadora semana que pone al límite la salud mental de quienes estamos presumiendo de ella y procurando ser escucha de otros que padecen.
Una piscina llena de hojas que hay que quitar cada día, mirar el cielo a ver si una tormenta nos fastidia la jordana o solo es un chubasco que pasa rápido, un paisaje lejano que se hace hermoso se ilumina en la noche, al calor de un cigarrillo compartido y un té calentito, mirando los rayos como juegan en el cielo a caerse como cohetes que buscan refugio en la tierra, escuchar temores a la luz de un sol radiante y tendidos en un patio entre naranjos, guardar el pan que sobra para la burra de la granja escuela o desayunar leche fresca de una vaca que nos la regala cada día, mirar por la ventana del cuartito asignado al hombre solo y emocionarse cuando dos "locos" o tres, o cuatro se miran, hablan, se cuenta, se escuchan, se ayudan, tiemblan de emoción, se respetan y controlan sus límites sin rebasar las fronteras del otro, ponen a prueba lo aprendido en las terapias del hospital... o simplemente disfrutan del tiempo sin nada que hacer, recien bañados, limpios y serenos, siendo libres de estar o de ir, sin compromisos, en libertad... por fín.
El comienzo del otoño del "hombre solo" es distinto, siempre empieza en una salida que deja las batas blancas de lado, que permite a una psiquiatra hacer una sesuda consulta ante la ansiedad, vestida de bruja, con capa y capucha, con pelo negro y canoso, son escoba que barre miedo de un drácula con cabeza atravesada por un cuchillo, al calor de una barcacoa colectiva para cuarenta y dando mordiscos a un pinchito asado de pollo; un tiempo donde el hombre más serio, más controlado, que más asume su locura y no olvida ni un segundo de su vida la toma de pastillas, las analíticas, los controles, que mide hasta el tiempo que anda cada mañana para no bajar un segundo del reglamentado, con una obsesión por se obseso... se convierte en la reina más Drak que imaginarse pueda, con unos ojos azules envueltos en la sombra de ojos más azul y brillante de la paleta de colores, con pelucón naranja y medias de rayas, preguntando si aquello se quita luego y.... "¿no tendre que presentarme mañana en la casa de mi hermana asi no?.
Imágenes grabadas en la mirada de un hombre que mira y disfruta del trabajo que tiene, de un otoño que comienza con este desborde y que promete la serenidad del ansiado mes de vacaciones reservado para el tiempo de otoño, donde se caen las hojas, cuando las castañas abren el erizo y salen a ser manjar en ollas de hierro, al calor de techados en las calles envueltas en frio, en aires que azotan las esquinas, donde la cultura retorna a sus locales y el teatro, la música, las lecturas, los encuentros poéticos, se anuncian en nuevos ciclos de vida urbana; un tiempo que espera con ansia el "hombre solo" y que viene cargada de pánico gripal colectivo, momentos de paz que permitirán acudir al lado del mar a ver como el agua cae sobre el azul y el silencio se llena de golpecitos leves y seguidos que rompen en olas de espuma, allá donde el paseo se hace solitario y los marrones, los ocres, los rojos, los negros pueblan las calles en la indumentaria.
Otro tiempo preñado de proyectos, como cada estación, que se harán o no se harán, que prometen terminar esa historia que cuenta el hombre y que no acaba nunca, que le obligan a mirar hacia el Norte de una tierra que quiere visitar, que espera el nacimiento de Martina que ya tiene nombre y aún no está con nosotros del todo, que reza y pide por los que quiere, retomando la costumbre de pedir a algo que ni se plantea que exista ya... y no le importa.
Tiempo de luz y calor, de lluvias fuertes y más calor, de otoño que huele a mar, siempre a mar, a mar azul.