miércoles, 18 de marzo de 2009

Olores y miradas


Se llenan los ojos de verde en la primavera que se adelanta por los montes de Málaga; pinos, tomillo, romero, mil colores en flores visitadas por mariposas limoneras y alguna que otra amarilla y roja, prima hermana de la que, hace tiempo, se posó en la espalda del hombre solo en pleno vuelo cogida y permanecerá ahí para siempre. La naturaleza revienta en alegría y se oyen caer las aguas en la cueva encontrada camino al Lagar de Torrijos, fresco y amable camino en sana compañia, hablando de amores, soledades, alegrías y desencuentros, la vida a flor de piel entre todo un renacer de nueva etapa y risas de niños que a lo lejos terminan de devorar el arroz caldoso que inunda de olores el camino.

Málaga tiene muchas cosas y la principal es la luz que recordó Picasso para siempre, ese color que da el cielo e impregna la vida de una ciudad que palpita allá abajo, en la hermosa bahía que se divisa desde estos montes; encontramos la última venta del camino y allí regamos el mediodía con migas, buen vino y el plato típico de los montes, buen lomo de orza, chorizo y morcilla fritos, un par de huevos que acompañan y patatas, un homenaje al colesterol que hemos de abandonar bajando al lagar, acompañados por el aletear de inquietas mariposas que, según cuentan, nos anuncian la pasarnos y tocarnos la buena fortuna que depara el destino para los caminantes.
Un día pleno de hermosura donde el hombre solo descubre el olfato, poco a poco va recuperando la normalidad tras una dura intervención que devuelve el ser a este hombre que no respiraba por la nariz y había perdido la capacidad de oler, solo recordaba los olores en la memoria y con ellos construía un mundo de vivencias tenidas y de amores a lo tenido en el recuerdo.
La bajada a la ciudad plantea el disfrute de un helado argentino magnífico, manjar exquisito al que invito desde aquí a Fabi, quiero su diagnóstico como buena entendida la supongo de las maravillas italianas, nunca olvidare las especialidades del Tartufo, justo en la esquina de Piazza Navona, la lado de una casa de la que se dice era lupanar eclesiástico... malas lenguas que tiene la historia. Espero la visita de la amiga romana para que pruebe un buen "pajarete", el vino malagueño mezcla de dulce y seco que quita el sentido y poder visitar esta heladería argentina de la que hablo, para pelear entre helados y gustos, sabias disputas gastronómicas que espero.
Los días pasan en rehabilitación, cariños de amigos y amigos llenos de cariño que me colman el alma y reactivan mi cuerpo, dispuesto a largos paseos al borde del mar, entre esas recuperadas arenas de la malagueta, camino adelante hasta llegar al final del Palo, donde el Tintero rifa los platos de pescaito frito y las gentes miran el azul del cielo y el verde del mar que anuncia las frias aguas de Marzo, entre olores a flores que anticipan la Semana Santa, esa que se anuncia entre visitas de Jaén y risas de Hugo, caminatas largas entre dulzura y mimos que el hombre solo añora y anhela.
Se aproxima la primavera y viene cargada de amores nuevos en los amigos del hombre solo, conciertos hermosos de música latina y la voz espléndida de Soledad Giménez, la que hace que salte alguna lágrima recordando a Presuntos Implicados y el calvete de oro que tocaba el bajo, recuerdos de otros tiempos donde la compañía era amada y las risas compartidas.
Días de teatro, jazz, pasión y lectura, entre letras italianas de Alessandro Baricco y Marcel Proust buscando el tiempo perdido; días en que el hombre solo se mira y reconoce en lo que es y quiere ser, recuperado ya de su vergüenza en caer en errores de siempre, de ser y darse a gentes que no son ni respetan, sabedor de que hace tiempo tomó la decisión de no cambiar y seguir con el alma limpia, entregarla y que cada cual haga lo que desee con el trozo que le correspondió, todo se muda y todo retorna, cada uno da lo que recibe y recibe lo que da, así canta Soledad Giménez versionando a un hombre que admira en su nuevo "Dos gardenias". Estoy con ella, algunos hablan de karma, otros cuentan en sus historias de contadores que existe un boomerang que es la vida, es lo cierto.
Continúa el hombre recuperando la normalidad, retorna a su mundo hospitalario y al intento de lucha por el imposible, mantener lo poco que queda de sano en mentes enfermas y animarlo a crecer. Invitación a charlas entre universitarios y exponer la experiencia jugando al teatro, enseñando a los nuevos a usar la palabra como tela de terciopelo que arrope la desesperanza del perdido entre el dolor. Las risas jovenes me recolocan en la realidad, es la risa la que salvara el mundo, no hay duda.
La casa del hombre solo huele a naranja y canela, esencias unidas en el quemador que abre las estancias donde se guarda la tranquilidad de un hombre que disfruta del tiempo pasando entre letras, musicas medievales y amigos que cuentan historias de amor.
Hummmm... !como huele la felicidad de bien¡¡¡


CONCHA BUIKA


MIÉNTEME BIEN


Si me mientes susurrando a fuego lento
Justo aquí bien pegadita a mi boca
No sabré si golpearte con mis pechos
O si dejarme arrastrar noche abajo de nuevo
hacia otra madrugada bohemia,

Reconozco que me enloquecen tus carnes
Reconoce que te enamoran las mías,
Así que si me mientes casi dentro de mi boca
Te regalo el resto de mis días,

Y es que hay mentiras que sientan tan bien
Que parecen verdades ocultas
Con secretos que endulzan la hiel
De las noches más tremendas y más oscuras

Así que si me mientes
Miénteme bien.
Porque hoy quiero engañarme de nuevo,

Ya no reino en esas noches orgullosas
En las que acabo amaneciendo triste y sola.

martes, 10 de marzo de 2009

La mirada curiosa

Encuentra la mirada en estos días de forzada permanencia casera y hemorragias postquirúgicas sin importancia pero molestas, entre palabras del siempre admirado Ray Loriga y músicas pop que llenan de vida los minutos seguidos de paciente búsqueda azul celeste, tras el cristal, y aparición de brotes en los jacintos, el rosal rojo y el otro chino de color amarillo, las calas que regalaron en pago a servicios de cariño prestados y que superan el nulo esfuerzo que supusieron, todo lo que crece y renace en esta primavera donde los amigos destapan amores que curan y, con miedo en los ojos aderezado de voz temblorosa, hablan de fines cuando apenas comienzan.
El hombre piensa que, sobresabido, todo lo que nace ha de morir, mejor esperar que llegue solo y no anunciarlo, mientras tanto vivirlo plenamente.
Se regocija, desde el salón acomodado y cada vez más íntimo, en las palabras de alegría que apenas salen de las bocas enamoradas que le visitan, con ramos de rosas blancas en las manos y tes aromáticos de cereza japonesa para pasar mejor el tiempo entre páginas que consuelan.
El hombre pasa el tiempo en conciertos, teatros, paseos, invitado a dar conferencias y gustoso de ser amigo querido en el que se piensa para enseñar a otros como disfrutar del trabajo estimado y vocacional, contando cuentos que encantan y haciendo bromas del dolor para curar.
Encuentra la mirada, decía, curiosidades de gentes que desconoce y se atrevieron a fundir creaciones originales, alguien que une la música nueva, esa que llega y gusta al hombre solo, con una obra maestra que paso sin mucha gloria y apenas pena de Ray Loriga, homenaje a la subcultura kogal en voz de Las Escarlatinas y sus "Vírgenes Shibuyas" junto a la otra mirada curiosa y nueva, atrevida y valiente en "Teresa, el cuerpo de Cristo".



ESE GENERAL
Rafael Alberti


-Aquí está el general.
¿Qué quiere el general?
-Una espada desea el general.
-Ya no existen espadas, general.


¿Qué quiere el general?
-Un caballo desea el general.
-Ya no existen caballos, general.


¿Qué quiere el general?
-Otra batalla quiere el general.
-Ya no existen batallas, general.


¿Qué quiere el general?
-Una amante desea el general.
-Ya no existen amantes, general.


¿Qué quiere el general?
-Un gran tonel de vino desea el general.
-Ya no hay tonel ni vino, general.


¿Qué quiere el general?
-Un buen trozo de carne desea el general.
-Ya no existen ganados, general.


¿Qué quiere el general?
-Comer yerbas desea el general.
-Ya no existen los pastos, general.


¿Qué quiere el general?
-Beber agua desea el general.
-Ya no existe más agua, general.


¿Qué quiere el general?
-Dormir en una cama desea el general.
-Ya no hay cama ni sueño, general.


¿Qué quiere el general?
-Perderse por la tierra desea el general.
-Ya no existe la tierra, general.


¿Qué quiere el general?
-Morirse como un perro desea el general.
-Ya no existen los perros, general.


¿Qué quiere el general?
¿Qué quiere el general?
Parece que está mudo el general.
Parece que no existe el general.
Parece que se ha muerto el general,
que ya, ni como un perro, se ha muerto el general,
que el mundo destruido, ya sin el general.
Va a empezar nuevamente, sin ese general.



domingo, 8 de marzo de 2009

A un recuerdo y un adios eterno



Tampoco estaba ya dispuesto a hacerse ilusiones sobre el futuro. Sabía, pues no le faltaba experiencia, que las cosas más apetecidas se cogen a veces de la manera más torpe, pero con manos más ágiles.

"Ya solo habla de amor"
Ray Loriga

Nacimiento del Guadalmedina


Como un río que explota en su nacer, en este año de vida y plenitud, de esperanza y renovación, la vida sale a borbotones y las miradas se amplian, el ojo revivido, recuperados olores, sabores, nuevos aires que entran en el cuerpo más viejo cada día y que dan luces azules al horizonte.




domingo, 22 de febrero de 2009

Nos vemos después.



La loca cabeza da vueltas sin parar, fantasea y alimenta los miedos que atenazan al hombre solo. Los momentos huelen a quirófano, anestesia, sueño y miedo, a tiempo perdido y ganas de dar paso atrás.
Desde la ventana ve pasar la tarde del domingo y acercarse el momento de ir al hospital, un amigo querido pasará a recogerle y será compañía amable hacia el tiempo de espera; ruega porque todo pase rápido, nuevamente se ve solo y vacío, preguntándose mil cosas y dejando que los miedos lleguen, soplen el alma temblorosa y se marchen.
En momentos así es cuando el corazón repasa lo vivido, piensa en el no futuro y encuentra que todo fué bueno, que lo malo no cuenta y que se desea continuar el camino para más, amar más, ser más amado, equivocarse más, disculparse más, entregarse aún más y seguir siendo débil ante los miedos, los aires quebradizos de una cabeza loca que va de un lado a otro del salón, mirando recuerdos, recorriendo rincones de la casa y llorando etapas pasadas que le hicieron feliz.
Mañana todo habrá pasado, para bien o para mal, para todo lo por venir y la casa estará esperando, seguirá aquí, quieta, con sus cosas, libros, musicas, sueños, esperanzas, futuros, pasados y amores entregados, cariños desperdiciados en la nada y quereles recibidos sin ni siquiera haberse dado cuenta.
Y es aquí, en este momento, en este tiempo donde no se es nada y se descubre la fugacidad de lo que puede ser todo, cuando el hombre solo se mira, se encuentra a sí mismo, a su propia figura buscándose a lo largo del tiempo, a lo que encontró de sí mismo en los otros que estuvieron a su lado y a lo que ansía encontrar cuando haya pasado todo.
El miedo no es menos miedo porque se le reconozca, sólo permite caminar, no paraliza cuando se le mira cara a cara, permite hacer la pequeña maleta, preparar las cosas para la vuelta, dejar en orden el desorden y pensar en encontrarlo todo de nuevo, como a la vuelta de un viaje, expuesto a la nada y deseoso de la vuelta.
El tiempo, hacerte más mayor, trae más apego a la vida, más temor a perderla y más miedo a olvidar los recuerdos, para siempre.
La segunda mirada de la nueva andadura es hacia su propia alma, hacia dentro, a sí, y el hombre solo se mira y se quiere, se aprecia, se estima y respeta, se da cuenta de que todo valió la pena y de que, tras el retorno esperado de la inconsciencia a su rincón de malvas en las cortinas, los grises de visillos y teléfono antiguo, las maderas que huelen a noble y los cristales que suenan a dulce cuando se les riega con vino.
El hombre solo juega ahora a pisar el reflejo de las estrellas en el suelo de la ciudad que huele, sabe, vuela a mar y es sonido de gaviota. Busca las figuras de luz, las persigue y agarra con la mano para que no se le escapen, para seguir componiendo su universo de espacios relucientes donde reir, soñar y sentir el cariño de quienes le quieren.

viernes, 13 de febrero de 2009

Primera mirada



Tras tiempo indefinido entre páginas y páginas, dedos mojados que rozan el papel y pasan vidas lejanas imaginadas en miradas hermanadas por sentimientos comunes, en paises extraños; la mano se acerca a los visillos nuevos, grises entre cortinas malva y negras, linos que conviven con tules y terciopelos, convirtiendo la estancia surgida de la resurrección del alma, en refugio de un espíritu inquieto, siempre por regenerar y aprendiendo a amarse, cada día, renovado en las caricias que recibe del tiempo, que pasa, y las gentes sinceras que encuentra a su paso por esta ciudad de agua fresca, sol limpio y matutino graznido de gaviotas. Es una mano aun temblorosa, efecto secundario de la fiebre en un cuerpo cansado que responde como puede al frenético trajin al que se le expone; mano que busca, al levantar el fino lino del visillo, ser inundada de sol, tras días de de reclusión forzada. A la búsqueda de alzar al hombre solo y dejar que el ojo descubra, tras el frío cristal pleno de invierno, las ganas por estar en el mundo que le rodea, encontrar el motivo para dar pasos hacia las calles que esperan el nuevo deambular de este escribidor puganando siempre por salir, pleno y fecundo de imágenes por contar.
La mano muestra el camino descubierto a un lugar pequeño, recogido, entres amantes del arte sentido, donde voces de Andalucía regalan, a puñados, lágrimas vividas de risas, dolores y sueños.
Esta semana toca Danzaria, lenguaje del cuerpo que habla y entrega historias vivas para ser digeridas en el espacio íntimo de casas recogidas, junto al brillo de una copa brillante de cristal y repleta de néctar dulce de Cómpeta, entre borrachuelos con sorpresa de almendra y Fréderic Chopin al piano, juntando palabras de amigos que relatan su propia historia recogida en el acto escénico, en la mágica entrega de Alberto Huetos y su "Yo solo quiero caminar", andadura de música y sentires árabes y andaluces, acordes de Paco de Lucía revueltos con sonidos de mar, entre estertores de un cuerpo torturado y una sonrisa puesta como final a un largo sufrimiento.
Alberto Huetos sale de Cazorla a regalarse entre las gentes del mundo y recala en Málaga, la mano le encuentra tras el cristal frío de invierno en la ventana que permite una primera mirada y los ojos del hombre solo le miran en el espacio pequeño de Diputación en Calle Ollerías, al lado de una mujer llena de alegría que cumple años, sabiéndose mimada y riendo por el encuentro, de este hombre, con alguien de un pasado que es pasado y nada importa, se quiso ir y se dejó marchar, ahora no sabe regresar, a quien huye... puentecito de plata.
Pequeños momentos de felicidad que vuelven el alma del hombre en más alma, más dulce, más limpia, más enamorada de sí misma y más deseosa de seguir adelante en un futuro que se presenta preñado de historias por vivir.
Y es la primera mirada una respuesta a la pregunta de siempre, es un contestar al porque no me muero todavía de este que aun se quiere; de un corazón metido en un rincón antiguo, un teléfono de principios del veinte y un cristal sediento por llenarse de néctares que alegren el espíritu del cariño entre aquellos que se respetan, a la espera de nuevas miradas. Sabedor de que el amigo querido ha recuperado su capacidad de follar, de entregarse a cuerpos sin freno y disfrutarlo, de mirar las aguas y gentes que le rodean sin ganas de salir corriendo también de aquí, intentando encontrar momentos entre el agotamiento de un trabajo que le gusta y no le deja vivir.
El hombre solo mira, la mano deja caer el lino y retorna a marcar el paso de la nueva página del "Contador de historias" para encontrar allí más gentes imaginadas que digan cosas y darles cauce entre realidades.