sábado, 8 de agosto de 2009

Y Lorca vivió el café de Chinitas y lo contó.




En el Café de Chinitas

dijo Paquiro a su hermano

soy más valiente que tú,

más torero y más gitano.

sacó Paquirri el reloj

y dijo de esta manera:

este toro va a morir

antes de las cuatro y media.

al dar las cuatro en la calle

salieron del Café;

y era Paquiro en la calle

un torero de cartel


Vive el hombre solo
en un lugar privilegiado, no sólo en el corazón de Málaga, por ser el centro de esta ciudad, su casco antiguo y maravilloso que me embruja cada día más, sino que sobre mi techo, unos pisos más arriba, tengo la suerte de convivir con un cantaor flamenco de prestigio, Antonio de Canillas, para mí el amable señor Antonio, que pasea su perrito y me pregunta aún por el mío; siempre compuesto, bien planchao y bien arreglao, a veces solo y otras con Encarna, su señora que apenas puede andar y pasea una sonrisa eterna por el portal de mi casa. Es un privilegio contar con gente buena y sencilla, grandes de fama en esta ciudad y con un corazón limpio que deja ver una persona de bien, nada creidos y siempre dispuestos a un rato de conversación donde "el hombre solo" aprende cosas y encuentra maravillas que salen de la boca de los grandes.


El que se tenga por grande

que se vaya a un cementerio

y verá lo que es el mundo:

¡es un metro de terreno!


Esta letra suele acompañar las actuaciones de Antonio, es una petenera que canta con su voz prodigiosa, una petenera de "La Rubia", la petenera de Málaga, la desgraciada amante del Canario.

"El hombre solo" que, como casi todos los años, repite su visita casi obligada al Generalife, a la ciudad del embrujo nazarí de la Alhambra, entre amigos y risas, cenando en la plaza de la pescadería, tomando churros junto a la catedral en la mañana del sábado o un helado de los italianos, el de jerez con pasas que tanto le gusta, a la una de la madrugada, bajando el bosque de la Alhambra, entre palabras de cariño y crítica artística, con los ojos aún redondos y grandes de mirar un tiempo de baile y flamenco en el escenario del Generalife, tras haber paseado junto a las fuentes repletas de nenúfares y mirando a lo lejos los cohetes que alguien prende a las doce, ritual que mágicamente se repite cada vez que este "hombre solo" sube a la Alhambra y viaja a Granada, recordando amantes de antaño en hostales de la Gran Via, mirando las fachadas grandes y ricas de una ciudad más vacía que otras veces y paseando largamente por Recogidas, después de despedir en la noche a los amigos jiennenses que mañana trabajan, a la madre de mi ciclón Hugo que viene a pasar unos días en casa y llenarme de carreras, gritos, risas y algun llanto el pasillo, los muebles nuevos, la casa decorada de nuevo, las velas encendidas que le esperan y saben que se apagaran, besando una barriga que lleva en su seno lo que se que es una niña y que hará más feliz a mi amada amiga y su guapo, no menos amado, marido.... el "hombre solo" decia... sigue aún en su retina con las luces de un escenario repleto de baile, tacones, flamenco en estado puro, llanto y quejío, a la luz de una luna mora que está llena y sube por un escenario que regala fuegos de artificio a lo lejos, momento mágico que otro verano más, otro año más se repite con un nuevo espectáculo de la gran Cristina Hoyos, esa mujer mueve las manos como nadie, que retuerce la boca y cierra los ojos como ninguna otra sabe hacerlo, que se sabe subir a una mesa y bailar vestido de rojo y admirada por todos.

El día amanece comprando longaniza en la plaza de la pescadería, recordando la cena de anoche y las croquetas de pollo de un rincón mágico de Granada, llenado la bolsa de butifarra blanca y negra, de morcilla de cebolla picante venida de Noalejo, la buena, la que me gusta, la de mi Jaén siempre fronterizo y maravillosamente privado para los pocos que le conocemos. Sigue en Málaga, con prisas de muebles y portadores que me esperan en el pasillo tras atasco en la autovia, como siempre; llenando el tiempo de charla con una vieja amiga, entre prisas de un AVE que se la lleva y la traerá pronto para seguir la conversa sobre teatro, contándome la magia de sus nuevos proyectos, es directora de escena y lo hace muy bien, mira seguro desde un corazón que tiembla de emoción ante las palabras de creatividad que brotan de las bocas de los dos... pasan los años en silencio, nos metemos en conversaciones por email y al fin podemos pasar minutos juntos entre lagrimitas de pollo, vino tinto y poco tiempo para una salida rápida de un tren que la lleva un día a Madrid, al siguiente a Jaén y se lleva mi envidia de saber que pisará la tierra que el "hombre solo" ama tanto.

Un fín de semana grato, pleno de cariño, amistad, bondad, caricias, riiiiiisas y belleza en las manos de quienes me acompañan, el "hombre solo" es feliz, con estas cosas, poquitas y auténticas, pero feliz.

Sigue la vida, el hombre espera, como siempre, espera... a las buenas gentes que pueblan mi casa cuando quieren.

Un largo paseo nocturno al café de chinitas, al de ahora, al que está donde estaba el otro, a ese rincón malagueño hermoso que se esconde de la sombra de una torre sin acabar de la catedral, sigue llenando el corazón de ilusión.



4 comentarios:

fabi dijo...

La felicidad es estar bien con las cosas sencillas, un olor, una botella de vino compartida con amigos verdaderos, momentos vividos que nunca vuelven y por eso vividos en plenitudes...

sabes, cuando he visitado la Alhambra, hace ya muchos años, me perdì a solas por las callas blancas de Granada, y he vivido la emocione de ver una bailarina gitana bailando flamenco con su hombre, uno espataculo solo para mi, nunca voy a olvidar la sensualidad de aquel baile, la musica y la pasiòn entre los dos... inolvidable.
Amo tu pais, amo los recuerdos que tengo serrados en mi corazòn... para siempre.

un abrazo grande y feliz semana, Haykus, y hasta pronto...

sue dijo...

Qué bonito texto! Es una invitación a la vida y al amor por los detalles de los que a veces nos olvidamos.
Gracias!

PEGASA dijo...

Que bonito, aunque yo estoy rabiosa y asqueada. Pero al menos viendo a verte se me quitan las penas.
Un beso

PEGASA dijo...

Niño pasa por mi casa que tienes algo para ti. Un beso